Parece que mi regreso a Libia está cerca.
No será fácil: por un lado encontraré un país malherido y convulso; por otro me alejaré de los míos, de los que me llenan de orgullo.
Pero vuelvo a Libia, a esa tierra que me cautivó, con esa gente que me abrió sus brazos con generosidad.
Esa es la imagen que llevo dentro y, como deseo que perdure, quiero hacerla pública.
Con las fotos que encontré en un viejo teléfono he compuesto un pequeño souvenir. Se corresponden al día en que Ibrahim me invitó a Zintán a celebrar la fiesta del cordero.
Tampoco quiero olvidar cómo vivíamos: