Soledad

Siempre te he buscado. Desde niño he querido estar a solas contigo.

Ahora te tengo, si bien a veces me asusta tu inmensidad.

Contigo encuentro armonía, una armonía sólo quebrada por el esporádico sueño de querer estar con alguien.

A veces te soy infiel, y mi deseo de estar con otras me hace rechazarte, pero finalmente vuelvo a ti.

Ya no soy un niño, ya he recorrido mi camino y he perdido mi atractivo mundano.  Ahora sólo me quieren los míos, los que son parte de mí.  Para el resto soy un extraño, un espécimen de quien disfrutar un rato, un instrumento para el lucro o simplemente un ilusionista que maravilla con sus historias.

Eres terrible, pues me dominas. La sola idea de aceptar nuestra unión me hace perder la perspectiva: ya nada es importante, el reloj se para, no hay prisa.

¿Eres destructiva? Contigo no hay mucho por lo que luchar, si nada demandas nada he de hacer.  Robas mi tiempo y me acercas al final.

Estoy contigo como quien va a pescar, esperando que de la nada algo surja.

No obstante estoy enamorado de ti.  Me gusta vivir como un perro silvestre.

No te sé entender: me ofreces la oportunidad de crecer y yo, en cambio, duermo.

Voy a hacer un pacto contigo: te seré fiel y tú me verás crecer.  Creceré y creceré hasta el día en que reviente. Tú me dirás hacia donde encaminar mis pasos y yo avanzaré.

Gracias Soledad.