Amigo chancletero

Querido amigo, hoy 14 de febrero de 2011  ha hecho un año desde que escribieses esas palabras que tanto me impresionaron: “ya no es mágico el mundo”.  
También hoy, celebrando en esta tierra el nacimiento del profeta del Islam, recuerdo el día en que terminé aquel relato que tanto te ha gustado.
El año se me ha hecho corto, y en verdad los años en esta tierra son más cortos, pues se cuentan con doce vueltas de luna.
En tan poco tiempo tantas cosas han pasado por mi vida…
Te las he contado mientras disfrutábamos de unos deliciosos arroces.
Tú me sugieres que las escriba. Me dices que no deje de contar todo aquello que hace que la vida de este pobre ingeniero sea una vida de colores.
Y yo me pregunto, ¿Qué trascendencia tienen todas estas anécdotas más que el hecho de reafirmar aquello de que la vida tiene esa magia que es capaz de convertir un día gris e insípido en el día más apasionante de tu vida?
¡Qué paradoja! ¿Es o no es mágico este mundo?  Tú llorando una gran pérdida y yo, egocéntrico como siempre,  encontrando la inspiración para continuar con mi historia. ¿Será que me refugio en una burbuja de fantasías para no enfrentarme a la realidad?
Ahora que mi familia se ha instalado conmigo en Trípoli, parece que comenzamos un camino más estable pero no por ello menos fascinante.
La providencia va escribiendo su historia y nos deja sus enseñanzas. En ocasiones nos sorprende con simpáticos encuentros que nos abren las puertas a nuevas oportunidades. Así por ejemplo te contaré que he sido nombrado seleccionador nacional de waterpolo.  También podría contarte cómo un buen día llaman a mi puerta para una simple consulta y acabo siendo contratado por una empresa rusa como irresponsable técnico de un proyecto de 320 millones de euros. Pero como te digo, todo esto no son más que anécdotas sin trascendencia.
Más jugoso sería  hablar de otros, de aquellos que sí son ejemplo digno de admiración:
Hoy siento más que nunca deseos de hablar de ese joven náufrago que es mi hijo Antonio, abandonado por la fuerza  en esta isla. 
Mi hijo Antonio, como San Valentín, también valiente y caballero, lucha contra la interminable distancia que le separa de aquella niña de la que se siente responsable.
¿Por qué no hablar de ti? Hablemos de ese ingeniero que va por la vida con chancletas.
Y tú dices que el común de los ingenieros lleváis una vida gris.
Quien ha tomado la determinación de no quitarse las chancletas no puede llevar una vida gris. Sencillamente es imposible.
Eres el único, aparte de aquella antigua amante, que ha releído mi relato más de tres veces.  Me has dicho que te gustaría que entrase en más detalle.  Parece que desearas sumergirte en este mundo de fantasía real en el que desde la infancia decidí zambullirme.
No, mi amigo, no entraré en más detalle.  Los detalles cierran las puertas a la imaginación y sin imaginación se cierra las puertas al niño que llevamos dentro.
Sí, en cambio, te escribiré acerca de mi historia en Libia,  de lo que aún esta por venir, de acontecimientos que te han de sorprender más aún.
Y es que en ocasiones la vida nos presenta situaciones inesperadas que nos superan y cambian el curso de nuestra existencia.  Es por ello que tenemos que aceptarlas con sabiduría y comprender que no podemos vivir confiando sólo en nuestras propias fuerzas.
Permíteme, por último, dedicar estos escritos a la memoria de tu madre, a la que tuve la oportunidad de conocer en una ocasión cuando todavía éramos estudiantes y de la cual la imagen que mantengo es la  de madre amorosa, atenta y tierna que tú dibujas en tus escritos.